Meri Vital

Meri Vital

Dietista Integrativa

Próxima parada… ¡Zuhaizpe!

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Semana de desconexión y reposo ayunando.
En los momentos en los que siento que me he dejado llevar un poco por el ritmo frenético de la sociedad es cuando se activa mi piloto automático de alarma. Me indica que algo en mí no va bien y es cuando necesito recurrir a mis estrategias internas aprendidas a lo largo de mi recorrido, de mi vida.

Afortunada me siento de poder reconocer esta alarma interna que todos tenemos pero que nos cuesta detectar. Es en esos momentos en los que me viene a la mente ¡Zuhaizpe!

Y de esto os vengo a hablar hoy, de mi primer paso por Zuhaizpe. Confesaros que he repetido y sé que tarde o temprano volveré a repetir.

¿Y por qué he escogido el primero? Pues porque la primera vez es la que mantiene esa intriga a lo desconocido, ese cosquilleo interno de no saber qué te vas a encontrar, que personas vas a conocer, qué vas a hacer allí y, puestos a ser sinceros, ¡con la inquietud de ver qué me van a hacer allí dentro!

Por eso me centraré en ese primer viaje que sin duda dejó huella en mí y que fue el inicio de un cambio en mi vida y en mi interior. Abrí mis sentidos y me permití ver, escuchar, tocar y oler a través de mi cuerpo.

Una experiencia de removimiento interior que no te deja indiferente. ¡Realmente vitalizante!

Empezamos…

Cómo pasa el tiempo, y es que hace 6 años en el que mi compañero de vida, Óscar, me propuso un plan diferente para las vacaciones de verano.

Me explicó que había encontrado un lugar en el que le apetecía pasar unos días y que nos podría ir bien, ya que no estábamos pasando por un buen momento, cosas de la vida.

Un lugar en el que la estancia mínima era una semana y tenías que olvidarte de los móviles al entrar…además ayunaban y hacían actividades grupales…No iban a ser las típicas vacaciones, estaba claro!

Si algo tiene Óscar es que, si algo se le mete en la cabeza, lo acabará haciendo tarde o temprano. Si a esto le sumas que yo me apunto a un bombardeo, incluso antes de que me lo propongan, pues no hizo falta mucho para decidirnos a llamar y reservar nuestra plaza para esa semana de agosto.

Una semana de desconexión que necesitábamos como agua de mayo. Nos acabábamos de mudar a nuestro HOGAR con mayúsculas y veníamos de una etapa de mucho estrés laboral y personal. Así que decidimos alejarnos del ruido y comprar algo de tiempo para nosotros.

Y algunos os preguntaréis, ¿Qué es Zuhaizpe?

Para realmente saber que es Zuhaizpe tenéis que vivirlo. Para cada persona será un lugar diferente. Mejor dicho, será una semana de vivencias diferentes en un mismo lugar físico.

Para mí es un lugar tan vibrante y rodeado de misticismo que lo último que quiero es romper ese encanto. Si os resuena, tenéis que ir y descubrirlo vosotros mismos.

Así que intentaré describiros este lugar mágico manteniendo esa sensación.

El entorno de la casa puede resultar engañoso, porque en medio de la nada, carretera por aquí, carretera por allá, llegas a una casa en la que para nada te imaginas lo que vas a experimentar en los próximos días. Por aquel entonces la entrada a la casa te llevaba directamente a su interior, pero actualmente la entrada es una gran puerta de madera tan bonita que os la tenía que nombrar. Atravesándolo te adentras en los jardines, el corazón verde de Zuhaizpe. Esa puerta separa dos mundos, el mundo “real” del mundo “ideal”.

Puerta de entrada a Zuhaizpe
La puerta de entrada a los jardines del Zuhaizpe

Una vez dentro recuerdo que me sentí acogida, tanto por la casa como por sus detalles, la limpieza, el aroma, el silencio, la sensación de paz, el entorno… te sientes arropada sin conocer todo lo que esconde. No digamos ya por la amabilidad del equipo que se nota nada más llegar.

Ese primer día llegamos por la tarde después de un agotador viaje en coche en el que compartimos camino, casualidades de la vida, con otra reposante que se alojaría también esa semana en la casa bajo el árbol.

Tienes diferentes opciones de alojamiento, nosotros elegimos una habitación doble con baño compartido. Después de un breve recorrido y explicación de la casa de la mano de Amalia, la directora técnica, nos fuimos a descansar.

¡Suena la campana!

Tal cual. La campana es el único sonido que rompería en los próximos días la quietud, puesto que iba a ser nuestro chivato para informarnos del inicio de actividades.

Primera reunión de bienvenida y acogida. Nos vemos las caras con todos los reposantes y parte del equipo de Zuhaizpe. En aquel momento no me imaginaba que íbamos a compartir tantas y tantas vivencias juntos. Hechas las presentaciones empieza el viaje. Y como todo buen viaje hacia el interior, no pueden faltar sus temporales, las turbulencias, la marea y la ansiada calma. Un viaje que sin duda no te va a dejar indiferente. Eso es lo que sentí y viví yo misma.

Está claro que es decisión de cada uno hasta donde quiere o puede implicarse en cuanto a la experiencia de reposo. El propósito de cada uno va a venir definido por lo que lleve interiormente y lo que necesite o quiera remover. Porque el trabajar las emociones, yo lo tengo clarísimo, sana. Por muy bien que te alimentes, por muy buenos hábitos alimentarios que tengas, sino cuidas de tus emociones, seguirás teniendo toxicidad, que a la larga se traducirá en enfermedad.

En este reposo que te ofrece Zuhaizpe hay varias alternativas.

Puedes optar por un reposo del cuerpo total con un ayuno hídrico o, por ejemplo, un ayuno de seguridad con zumos.

Si no ves claro ayunar o no está indicado para ti puedes seguir una alimentación basada en crudos, ensaladas y frutas, u optar por una dieta vegana completa. Todo esto bajo supervisión, consenso y seguimiento del equipo médico de Zuhaizpe.

Este tipo de alimentación te va a ayudar a abrirte frente al trabajo emocional que te propone realizar el equipo psicológico que te acompaña durante toda la estancia.

Como ves, todo un viaje emocional y nutritivo, un viaje VITAL. Y precisamente es lo que yo estaba buscando, recuperar parte de la vitalidad y energía que me caracterizan y que había consumido después de una etapa de demasiado desgaste.

El ayuno

Decidimos realizar un ayuno hídrico para experimentar lo que ya veníamos estudiando e investigando tiempo atrás. Y es que esto del ayuno, aunque ahora parece que se ha puesto de moda, se ha practicado desde la antigüedad.

Pensad que el ayuno es un mecanismo de ayuda del cuerpo ante un desequilibrio que no lo identificamos como tal.

Cuando enfermamos o tenemos malestar el cuerpo no nos pide comer, nos pide reposo. Si nos fijamos en los bebés, que es lo más puro que podemos encontrar y todavía tienen sus sistemas de control de apetito funcionando correctamente, cuando no tienen hambre, no comen. A no ser que nosotros les obliguemos, tema que dará para otro post.

También el ejemplo lo tenemos aún más claro en el comportamiento de los animales, como se aíslan y dejan de comer cuando no se encuentran bien.

Tengo que deciros que al principio no me veía capaz de ayunar, porque aquí a la menda le gusta mucho comer, disfruto con ello. También tengo muy presente mi vivencia con las restricciones y el efecto que me produjeron hace unos años. Pero decidí no pensar demasiado y dejarme llevar por las sensaciones y sobre la marcha encontrarme de frente con la experiencia nueva.

Por el camino me sentí tan segura y tan acompañada que el miedo desapareció.

Es más, fue eclipsado totalmente con todo lo mucho que llegué a trabajar emocionalmente. Me di cuenta que lo que necesitaba sanar y trabajar esos días era toda una mochila emocional que me había estado cargando a la espalda y que ya pesaba demasiado. Estaba en el lugar idóneo para hacerlo.

Yo en pleno ayuno
Yo en pleno ayuno y de excursión

El dejar al cuerpo descansar, digestivamente hablando, facilitó que me pudiera centrar en otros aspectos. Sin darme cuenta, el primer día de ayuno pasó volando. Entre la emoción del primer día, el presentarte y conocer a tus compañeros reposantes y al equipo y lo cansada que estaba ni me enteré y ya estaba durmiendo. Así que realmente no tuve sensación de hambre.

Os adelanto que fue más duro el trabajo emocional que el no comer. De hecho, llegado el día de romper el ayuno, ¡no queríamos hacerlo!

Trabajo emocional si quieres sanar…

Primer día de ayuno y de encuentro emocional superado. Participé en todas las actividades guiadas que de buenas a primeras pueden llegar a incomodarte o incluso no tener ganas de hacerlas.

Y no te apetece hacerlas porque no te apetece trabajar con las emociones y sacarlas del rincón donde han estado escondidas mucho tiempo. Es más cómodo ir poniéndole capas y así silenciarlas, pero así no evitamos el dolor, lo disimulamos pero a la vez lo hacemos más grande y más difícil de soltar. Pues bien, eso es lo que me pasó a mí el primer y segundo día, hacía las actividades, pero en mi interior había algo que me impedía abrirme.

Karmelo Bizkarra, el fundador de la casa de reposo, dice que tardamos en aterrizar en Zuhaizpe algunos días. Algunos no aterrizan hasta el día de marchar. Yo acabé de aterrizar el tercer día. Me rendí, levanté por fin la barrera interna que me impedía abrirme, que me impedía ser sincera conmigo para poder seguir con el ritmo artificial de la vida. Abrí la puerta a mis miedos, a mi autoestima, a mi inseguridad. En toda la frente me di con ellos.

Pero tengo que decir que qué mejor escenario que Zuhaizpe para sacar todo esto. Un lugar con personas humanas y profesionales que están tan cerca de ti para poder ayudarte a sobrellevar esa rotura de la coraza, ese despiece que sientes cuando el cuerpo está centrado en desintoxicar y el estado emocional está a flor de piel.

Un lugar con muchos momentos para poder buscar un rincón en los jardines y dedicarte simplemente a escucharte, sin más. Y si te sientes atrapado o con la necesidad de compartir, siempre tienes alguien con quien hablar, ya sea con el equipo de especialistas o ya sea con algún reposante.

Y es que, en estos días de convivencia, todos nos desnudamos, a un ritmo u otro, parcial o íntegramente, pero todos lo hacemos.

Mi estancia en Zuhaizpe me recordó lo que realmente me nutre: el contacto con la naturaleza, el sol, la hierba mojada por las mañanas, el calor humano, un simple apretón de manos o un abrazo de esos que en estos oscuros tiempos que estamos viviendo nos quieren prohibir.

Estas “pequeñeces” te penetran y te tocan el corazón. Me vienen muchos momentos a la cabeza: el agua de la piscina que revive hasta los muertos, el vuelo de las águilas, el entorno mágico, la paz que se siente… y, a pesar de estar en ayuno, el olor de la cocina que ¡huele que alimenta!

De vuelta a casa
De vuelta a la casa después de una excursión

Uno de los momentos que más recuerdo son los momentos de compartir. Eran momentos en los que a nivel de grupo quien quisiera podía compartir su estado, emociones, pensamientos o simplemente pronunciarse.

Te podías sentir muy identificado con las experiencias que llegaban a contar los compañeros. Eran momentos de soltar y de escucha.

El escuchar a otros compañeros me hacía darme cuenta de que, en el fondo, todos los que estábamos allí teníamos algo en común, buscábamos una solución a algo, una respuesta. Y es que, por fin, le habíamos dado voz a nuestro cuerpo y por fin nos habíamos parado a escucharlo.

Como os contaba, tras tres días de ayuno aterricé, y fue en ese momento cuando necesité dar voz a lo que estaba viviendo y sintiendo. Y no es que el ayuno me hiciera sentir débil. Al contrario, me sentía más vital. Pero sí que, a nivel emocional, como se suele decir, tenía las emociones a flor de piel.

Es como si me hubiera vuelto más sensible o vulnerable emocionalmente hablando.

Final del camino, comienzo de oportunidades…

Al cuarto día ya tenía que salir del ayuno. Si solo te alojas una semana no te dejan en general hacer ayunos más largos. Es importante hacer la salida del ayuno acompañado. Habían sido tres días completos de no ingerir comida, solo agua. Tenía sentimientos y emociones encontrados.

Por una parte, deseaba poder degustar la comida de Simón, que por aquel entonces era el cocinero, pero por otro quería seguir en ese estado de vulnerabilidad y permeabilidad emocional, que al mismo tiempo me sanaba y me empoderaba.

Todavía recuerdo aquella explosión de sabores al tomar ese caldito de verduras, ¡qué sabor! ¡Que disfrute y que bien me sentó!

¡Por no hablar de la sandía de la mañana siguiente!

No recuerdo haber comido una sandía tan buena o, mejor dicho, no recuerdo haber comido con tanto disfrute una sandía.

Y es que los sentidos estaban desnudos. El paso por el ayuno me había reseteado, en todos los sentidos. Hasta incluso podría decir que rejuvenecí, mis ojos desprendían vitalidad y energía, yo misma me sentía diferente, es algo que cuesta creer. Y estas sensaciones con un ayuno corto de 3 días, imaginad el poder que puede tener un ayuno largo y controlado. Así que no se me ocurre mejor manera de explicarlo que aconsejándoos que viváis la experiencia Zuhaizpe.

Yo brillante
El día antes de volver a la realidad…

Llegó el día de abandonar la casa que durante una semana nos había acogido y acompañado en nuestros procesos. Cada uno de los reposantes lo vivió de manera diferente, como no podía ser de otra manera. Con ello quiero decir que esto no es un proceso automático, en el que el guion está escrito, sino que es una vivencia personal en la que Zuhaizpe te pone el escenario y te ofrece herramientas para gestionar este viaje, y el resto es aportación personal.

Son experiencias únicas. Y si tienes oportunidad de repetir, sin duda también será diferente.

En mi caso, tuve la oportunidad de hacer otro reposo en Zuhaizpe y no se pareció en nada al primero. No solo porque el equipo era diferente, había evolucionado pero como siempre de gran calidad humana y profesionalidad. También los compañeros de reposo eran otros, el entorno se había ampliado y, lo más relevante, yo también era diferente. Habían pasado 4 años y estaba en otro punto de mi vida, era mamá lactante. Esto también da para otro post.

Nos fuimos de vuelta a casa muy unidos, muy conectados con nosotros mismos y entre nosotros, radiantes y con la experiencia de haber convivido con un grupo de personas especiales. Todos lo somos. Dejaron huella, aportando cada uno su color, y sobre todo aportando su tono al alma de grupo que germinó en esa semana. Amaya, Javier… cuánto calasteis! La vida nos ha hecho volver a coincidir en algún momento. Pero allí dentro sin duda fueron nuestros compañeros de viaje hacia el interior.

Quiero acabar este post agradeciendo al creador de este lugar, que no diré que es mágico (que lo es) porque es ¡real! Y a todos y cada uno de las personas que forman parte del equipo. Así que gracias Karmelo, Amalia, Amparo, Julio, Maitane…

Después de leer estas líneas espero haber generado en ti al menos curiosidad para indagar más en el tema del reposo y del descanso. Tener tiempo de calidad para tu cuerpo y que esto te lleve a decidirte a cuidarte. Porque cuidarte es quererte, es respetarte, es amarte y valorarte. Y, sobre todo, es sanarte.

Una experiencia como esta es el mejor regalo que te puedes o pueden hacerte. Es más, debería ser una de las cosas a realizar antes de abandonar este mundo.

Comparte si te ha parecido que su difusión puede ser positivo para alguien. Y si te apetece compartir tu experiencia o tienes dudas, te leo en comentarios.

¡Saludos vitales!

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