COMBINACIÓN DE ALIMENTOS

COMBINACIÓN DE ALIMENTOS

Cuando empezamos a tener cuidado de nuestra alimentación focalizamos la atención en bajar el consumo de grasas, reducir el consumo de azúcares refinados, eliminar los procesados, reducir el consumo de sal refinada, etc. Evidentemente es un gran paso y tu cuerpo te lo va a agradecer, al poco tiempo vas a notar una mejoría.

 

Por otro lado, ¿te has parado a pensar en cómo se compone tu plato? ¿En las mezclas que has hecho? En ¿como de fácil o difícil se lo pones a tu sistema digestivo?

Es probable que si sueles comer un primer plato, segundo y postre y pensaras en mezclarlos todos juntos en un único plato no te lo comerías. Pero en cambio lo haces con minutos de diferencia.

 

Cuanto más complejo sea lo que ingerimos, más entorpecemos la digestión, por tanto, mayor carga ponemos a nuestro sistema digestivo y más dificultad ponemos a la hora de poder absorber los nutrientes de lo que comemos. 

Por lo tanto, la combinación de alimentos es importante en nuestra alimentación, sobre todo en algunas patologías. Y, normalmente, no lo tenemos en cuenta a la hora de alimentarnos.

 El problema con la alimentación, y con otras muchas cosas, es que no se nos enseña. Tantos años de educación obligatoria y no enseñan como alimentarse y responsabilizarse de la propia salud. Pero nunca es tarde…

No todo es válido a la hora de alimentarnos como tampoco lo es toda combinación.

Si te paras a pensar, la boca es la primera puerta de entrada de la comida a nuestro interior. Aquí es donde empieza la digestión de lo que ingerimos, a través de la saliva y la masticación. A partir de aquí, el bolo alimenticio va avanzando hasta llegar al estómago, donde se inicia la digestión de otros nutrientes. 

De aquí pasaremos al intestino, donde la digestión de otros nutrientes continua. Finalmente, en el intestino más avanzado, se produce la absorción de los nutrientes con la consecuente formación del bolo fecal y evacuación de todo aquello que el cuerpo no digiere y que, por tanto, expulsamos a través del ano, la parte final del sistema digestivo. 

Durante todo este recorrido, la mucosa es la que mantiene contacto con la comida que hemos ingerido. Hace de barrera entre el exterior (comida) y el interior (sangre). Dependiendo de lo que comamos y cómo lo mezclemos, esta mucosa se verá más afectada, ya sea por irritación o erosión que se traduce en inflamación. 

A mayor inflamación de la mucosa, mayor probabilidad de aparición de sintomatología a nivel intestinal, principalmente, que puede derivar en un sinfín de patologías, que no tienen porqué limitarse al sistema digestivo, hablamos de enfermedades óseas, a nivel de piel, neurológicas, hormonales, respiratorias, etc.

 

Menos, es más

Tenemos tendencia a complicar los platos, saborizarlos en exceso, haciendo que nuestro paladar cada vez sea más exigente en cuanto a sabores, cada vez necesitemos sabores más dulces o más salados, más picantes, haciendo que nuestro umbral de gusto sea más elevado y que, por tanto, necesitemos cada vez condimentar más, aportando complejidad a lo que comemos y perdiendo el gusto natural y propio de los alimentos. 

En definitiva, aportando complejidad a las comidas.

¿Cuál sería una buena combinación?

Aquella en la que el cuerpo tenga que invertir la energía mínima suficiente para digerir y aprovechar los nutrientes y que no le reste energía para desintoxicar el cuerpo y para relacionarnos con todo el exterior. 

La energía vital que disponemos tiene que abastecer los tres sistemas que mantienen la vida, la nutrición, la eliminación y la relación. A parte necesita energía para el crecimiento y la reproducción, pero esto solo es en ciertos momentos de la vida.

A grandes rasgos:

El sistema de nutrición el que se encarga de realizar la digestión y la asimilación de lo que ingerimos.

El sistema de relación es el conjunto de órganos que nos permiten contactar con el mundo exterior y relacionarnos con los demás. Cuando hablamos, nos movemos, pensamos, ejercitamos, sentimos, etc. el organismo focaliza gran parte de la energía vital hacía este sistema de relación y sus órganos.

El sistema de eliminación es el encargado de eliminar todas las sustancias de desecho y tóxicas que el cuerpo acumula a lo largo del día. Simultáneamente, se realiza la regeneración o reparación de todos los tejidos afectados por la intoxicación y por la falta de energía en ellos. 

Durante el día gastamos nuestras energías y por la noche las recuperamos. Por la noche, mientras descansamos, nuestro cuerpo elimina las sustancias tóxicas acumuladas y las originadas por el propio funcionamiento normal metabólico del organismo. Además, ha de reparar y regenerar los daños causados en tejidos y órganos.

Especialmente por la mañana, tras el descanso de la noche, evidenciamos los síntomas  de la eliminación, señales como son la boca seca, la lengua blanca, la primera orina expulsada más oscura y olorosa, entre otras.

El ayuno que realizamos por la noche, mientras dormimos no comemos, facilita la eliminación y regeneración. Cuando no ingerimos, utilizamos las reservas, no gastamos energía en la digestión y asimilación, y toda la energía se focaliza en la eliminación de tóxicos y en la regeneración de las zonas afectadas y enfermas.

 

En un estado de salud, la energía se encuentra repartida siguiendo un equilibrio entre los tres sistemas en nuestro organismo

En el momento que se desequilibra este reparto de energía es cuando el cuerpo enferma.

 

Volviendo al concepto de buena combinación, si lo ingerido no nos desgasta energéticamente, se traduce en combinación ideal. Pero siempre teniendo presente que cada cuerpo es diferente y lo que es bueno para ti no tiene porqué ser bueno para otro. Hay otros factores que pueden influir, escuchemos a nuestro cuerpo y así conseguiremos la combinación perfecta para nosotros.